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Qué nos enseñan los retos

Ya sea renovar tu casa por ti sola, regresar a la escuela a los 40 o comenzar tu propio negocio, todos tenemos retos personales que queremos cumplir. No necesitamos recorrer el mundo para superarnos. Cada día está lleno de pequeños retos, con mayor o menos dificultad, dependiendo de la persona. Para algunos, puede ser pedir un aumento; para otros, cambiar de profesión. Proponerse un reto es atreverse a romper la zona de confort, alterar nuestra rutina, tomar un riesgo y empujarnos más allá de lo que creíamos que éramos capaces.

Lo que nos detiene

Porque a veces simplemente no podemos dar ese salto. Ah, esas voces internas que susurran “eres demasiado vieja”, “nunca lo lograrás”. Creamos nuestros propios obstáculos a causa de los temores o lo que venimos cargando de nuestro pasado. Nos convencemos de nuestra incapacidad o falta de tiempo (los niños, el trabajo) para ni siquiera tener que dar ese primer paso. Y sin embargo, todos somos capaces, pues todos contamos con nuestras cualidades internas: coraje, perseverancia y perdón. El trío ganador para asumir cualquier reto.

Las ventajas son inmensas

Las ventajas se pueden ver tanto en nuestra vida profesional como en la personal y amorosa. Como dice la frase: “La suerte le sonríe a los audaces”. Más allá del orgullo y la satisfacción que obtenemos, por el simple hecho de tomar un riesgo logramos un estímulo inmediato en cómo nos sentimos sobre nosotros. Cuando nos atrevemos a hacer algo, nuestra autoestima se fortalece y descubrimos cualidades insospechadas dentro de nosotros. Esto nos da la fuerza que necesitaremos más adelante en diferentes situaciones.